El indescifrable mundo del fútbol Juan Moya

El entrenador constructor de equipo

07-11-2018

  • En este artículo describimos las características y funciones del mismo

Que complicado es hablar de la figura del míster siendo entrenador. Somos, sin quererlo, el centro de atención de todas las miradas y señalados para lo bueno y para lo malo. Nuestra profesión es así y todo el mundo tiene derecho a opinar sobre nosotros.

A nivel de directiva, cuando te contratan, eres el mejor, cuando pierdes dos partidos, empiezan las dudas y las críticas, y cuando los resultados no acompañan, pende la guillotina sobre tu cabeza y te ponen en la calle, sin valorar tu trabajo.

Los aficionados prefieren al entrenador que “da espectáculo” en la banda, que gesticula, que manda, que vocea, que increpa a los árbitros. De esta manera es más aparente el liderazgo.

Si otros entrenadores no hacen lo mismo y dirigen de manera tranquila y pausada, se les echa en cara “que no tienen carácter, personalidad, ni sangre” sencillamente porque dirigen con sosiego. Se funciona mucho de cara a la galería y “el liderazgo invisible” de muchos entrenadores es muy poco valorado,  aunque dispongan de maestría para los análisis y las silenciosas tomas de decisión, muy eficientes por otra parte.

Al entrenador se le cuestiona todo, los medios de comunicación social expresan sensaciones y opiniones desde el exterior, sin saber nada de lo que ocurre dentro. “Nadie puede conocer mejor el huerto que quien lo cultiva”, solo el entrenador sabe lo que ocurre en el día a día y es a él a quien le corresponde la responsabilidad de decidir, buscando siempre lo mejor y lo más justo para todos.

Mi opinión al respecto de los medios de comunicación social es que el fútbol son los 90 minutos de partido y los 80 o 100 del entrenamiento diario y nada más, lo demás es todo lo que hay alrededor de él, donde obviamente priman otros intereses, por eso al final tienes que pensar que las ruedas de prensa, los programas deportivos y las tertulias son una invención que emana del fútbol pero siento decir, aunque no quiero generalizar, que no ayudan en nada si no son objetivos.

En cuanto a los jugadores, esto es lo que piensan la mayoría de ellos sobre nosotros: “Si eres serio, eres un amargado. Si eres joven, eres un inexperto. Si eres viejo, estas pasado de moda. Si bebes, eres un borracho, si no lo haces, eres un puritano aburrido. Si eres estricto, eres un dictador, si no lo haces, eres un mediocre sin personalidad. Si das ejemplo entrenando con el grupo, eres un presumido que quieres dejarlos en ridículo, si no lo haces, como quiere enseñarnos algo que ni él lo realiza. Si nombras tus títulos, eres un presumido y creído, si no lo haces, eres un analfabeto que te han regalado todo. Si el jugador sobresale, es virtud del jugador. Si a este le va mal, es culpa del entrenador. Si progresas en tu profesión, ¿cómo lo habrá logrado si no tenía ni puñetera idea?”.

Un entrenador tiene que pensar en 20 o 25 jugadores e intentar satisfacer a todos. Un jugador solo piensa en sí mismo.

A nosotros no solo nos basta con tener conocimientos de fútbol, vamos a tener que desarrollar actitudes psicológicas, de gestión, análisis, comunicación, reglamento..., además de la capacidad para manejar y dirigir el grupo y controlar el entorno que lo rodea.

Se nos exige autocontrol para afrontar con serenidad situaciones complicadas que van a presentarse a lo largo de la competición. Saber motivar a los jugadores para que todos se sientan importantes y desarrollen todo su potencial, aplicando para ello los métodos y las formulas más adecuadas. Tener que conocer las diferentes personalidades de cada uno de los miembros de la plantilla para saber tratarlos a nivel individual.

Ser ambiciosos aspirando siempre a lo máximo y no conformarse con éxitos parciales cuando se pueden conseguir metas superiores; a esto le llamamos ganar sin ser mejor que nadie, solo porque lo he querido más que mi adversario. Creo que la única derrota es el desaliento y solo si me doy por vencido, fracaso.

Hay que ser decididos para atreverse a tomar las medidas más convenientes para el equipo, aunque estas no sean las más populares o del agrado de la directiva, afición... El optimismo nunca podemos perderlo, hay que ver siempre el lado positivo, sobre todo en las derrotas o cuando las cosas no salen todo lo bien que uno desea.

Tenemos que ser exigentes, no podemos dejar al futbolista que se acomode. A veces el primer día de entrenamiento, les he dicho a mis jugadores: “Sin conocerte se que vas a trabajar a mis órdenes durante 10 largos meses. No estamos aquí para perder el tiempo ni para hacernos la pelota, yo estoy aquí para exigirte porque esa es mi misión y la tuya es trabajar para darle competitividad y nivel al grupo. Yo te doy todo lo que sé: mis conocimientos, mi experiencia, no tengo porqué guardar nada, me ha costado muchos años aprenderlo, practicarlo, sudarlo, negociarlo, vivirlo y a ratos incluso morirlo. Y si te digo ‘tú puedes’ es porque lo creo. Dificultades la encontraras todas. A mí me sacaron del colegio para trabajar en un taller con 13 años, y por la tarde noche después del trabajo, entrenaba fútbol y por la noche estudiaba”.

De modo que es necesario exigir al máximo de sus posibilidades, aunque tampoco se les puede pedir más de lo que pueden dar.

Es muy importante tener las ideas claras y no confundir a los futbolistas con cambios continuos que los lleven a la desorientación, siempre digo que “el respeto se gana por el conocimiento”. Al futbolista no podemos engañarlo con falsas promesas, debe creer en nosotros. No podemos decirle el lunes que va a jugar el domingo para tenerlo contento, cuando en realidad no va a ser así. Cuando se promete algo hay que cumplirlo, por eso es mucho mejor callar y no decir nada, porque si el entrenador pierde su credibilidad ante el jugador, eso le va a perjudicar enormemente en su trabajo.

Además de todas las características señaladas, también debemos reunir una gran capacidad para observar y dirigir eficazmente el comportamiento del equipo durante los entrenamientos.

De especial relevancia es tener profundos conocimientos de los avances tácticos del juego. Ideas claras de lo que quieres. Introducir en las sesiones acciones que mejoren el trabajo de cohesión grupal y socio afectivo. Darle al calentamiento la importancia que tiene. Optimizar el empleo de los jugadores en las sesiones y hacer un trabajo agradable pero intenso. Respetar los tiempos las pausas, las cargas... Construir el modelo de juego con hábitos y automatismos. Trabajar las acciones a balón parado. No olvidar el trabajo individualizado. Observar constantemente a los jugadores en cuanto a relajación o exceso de motivación. Que se cumpla el trabajo preventivo. Disminuir las cargas psicológicas en periodos competitivos a través de juegos aplicativos y lúdicos. Manejar con sutileza los egos y temperamentos diversos…

En cuanto a la dirección del equipo en partidos de competición:

Antes: Preparar viajes, alojamientos, comidas, equipamientos... Repetir durante la semana los aspectos tácticos más importantes, información del equipo adversario (scouting). Hacer énfasis en el balón parado tanto en defensa como en ataque. Reunión con el equipo técnico, ultimar detalles. Reunión con médicos, fisioterapeutas y recuperador (estado de los jugadores). Eliminar vestigios de ansiedad y escuchar al que te lo pida.

Durante: Estar pendiente de: calentamiento, exceso de motivación, últimos detalles tácticos y balón parado (ABP). Optimizar el empleo de los jugadores (cambios). Tomar decisiones claras bajo la presión del resultado. Controlar el partido (observación de puntos débiles y fuertes). En las pausas, indicaciones de tipo técnico-táctico, actuar sobre la relajación y activación del jugador y recuperar energía con ayudas ergogénicas.

Después: Vuelta a la calma. Manejar con delicadeza temperamentos diversos. Atender a los medios de comunicación. Desarrollo de experiencia a partir del éxito o el fracaso. Análisis final de lo acontecido. Charla durante el siguiente entrenamiento para corregir y potenciar cosas.

Esta es la vida del entrenador durante los desplazamientos, visto desde mi experiencia personal

Siempre viajaba con mi maleta marrón con 3 departamentos: uno para la ropa -siempre solía vestirme de calle para los encuentros-, otro para los apuntes del equipo adversario, rotuladores de color azul y rojo y pizarra portátil, y uno pequeño para las medicinas típica de la edad y del cargo. (Riesgo de infarto, paracetamol para los dolores de cabeza, ansiolítico y algunas pastillas balsámicas para el carraspeo de garganta del vocerío durante el encuentro).

Una vez en la habitación del hotel, era todo una liturgia. Abría la maleta, ponía cada cosa en su sitio, sacaba mis notas, analizaba de nuevo al rival, volvía a ver el DVD de su último encuentro jugado en su casa, volvía  a darle la penúltima vuelta de tuerca buscando virtudes y defectos, llamaba a mi segundo entrenador para definir la estrategia (acciones a balón parado) y me reunía antes de la cena con el preparador físico y el fisioterapeuta por si tenían alguna novedad de última hora y aprovechábamos para preparar la sala para la charla pre-partido del día siguiente justo después del desayuno y antes de salir para el campo de fútbol. 

Siempre me tuve como un técnico observador atento y cauteloso que intentaba no pasar por alto el más mínimo detalle, estudiaba los puntos más protegidos, los más débiles, para poder atacar los sistemas más fuertes de seguridad de los equipos adversarios, y defensivamente procuraba guardar mi casa con un sistema defensivo en el que todos se debían encontrar involucrados.

Una vez llegábamos al campo, y después de descargar todo el material, por lo general los jugadores se iban a ver el estado del césped y de camino a saludar a sus compañeros, ese día, adversarios. Mientras el utillero preparaba la ropa, el masajista, su mesa de trabajo, el preparador físico elaboraba los combinados energéticos y preparaba sus conos y petos para efectuar el calentamiento. El entrenador de portero salía antes que nadie para desarrollar el trabajo específico de los dos guardametas, el segundo entrenador colocaba sus hojas con todas las estrategias ofensivas y defensivas, mientras esperábamos que el delegado nos trajese la relación con la alineación del otro equipo.

Una vez con la información del equipo adversario y en una pizarra improvisada sobre las lozas de cerámica del vestuario -no es así en todos los campos-, dábamos la alineación y las ultimas consignas, calentamiento y grito de guerra del capitán y los líderes naturales para salir a disputar y competir el encuentro.

La carga emocional que se siente antes de un encuentro es algo semejante a cuando te presentas a un examen importante para tu futuro. Siempre aparece esa sensación, aunque dirijas un equipo alevín, el hecho de sentirlo ya es suficiente para saber que es importante lo que estás haciendo.

Luego durante el partido llega el momento de la verdad, te comen los nervios, allí de pie delante de tu zona limitada por una raya blanca de 5x3 como un león enjaulado durante los 90 minutos. No sabes dónde meter las manos, cruzarlas por detrás, por delante, contra el pecho, meterlas en los bolsillos… Haces el 5x3 doscientas veces y terminas con más kilómetros en las piernas que el mejor de tus centrocampistas.

Te pones a dar voces para intentar corregir aspectos tácticos del juego, equilibrio, disciplina táctica, sin darte cuenta de que el jugador en la mayoría de las ocasiones ni te escucha ni te hace puñetero caso, pero eso sí, gesticular al árbitro ni se te ocurra, "tarjeta roja", o como mínimo apercibimiento, "amarilla”.

Decía Galeano, “el árbitro es arbitrario por definición. Silbato en boca, sopla los vientos de la fatalidad del destino y otorga o anula los goles. Tarjeta en mano, alza los colores de la condenación: el amarillo, que castiga al pecador y lo obliga al arrepentimiento, y el rojo, que lo arroja al exilio”.

Una vez finalizado el partido, le das la mano a los colegiados a tu colega, y silencio o euforia, vuelta a la calma, manejar los temperamentos, rueda de prensa, ducha, y coger el autobús de regreso.

Ya en el autobús comienzas a reflexionar y analizar el partido que aún tienes grabado en la mente. Analizar significa detectar nuestra debilidad y saber por qué nos hicieron doblegar las rodillas.

Todos, sin excepción, alguna vez hemos perdido. Alguien superó nuestras ideas, actuaciones o recursos y en ese enfrentamiento de fuerza, perdimos. Pues bien, cuando esto ocurre, nada hay más inteligente que, primero, asumir la derrota y luego analizarla, pues solo así un fracaso se convierte en fuerza fresca para disputar el próximo encuentro con garantías de éxito.

Nada más llegar en avión o barco, de nuevo directamente al campo a entrenar y preparar sesión compensatoria con los que no jugaron mientras los que lo hicieron, hacen regenerativo. Martes descanso para todos”.

La conclusión es que el detalle final lo pone el jugador en el campo, y el gol solo está en la punta de la bota o cabeza del jugador, que al fin y al cabo es el protagonista principal de este espectáculo llamado fútbol.

Y nosotros, los líderes y directores de orquestas, si durante el concierto cuatro o cinco jugadores no interpretan bien la partitura y desafinan, estamos jodidos.

El castigo social de un fracaso del entrenador llega a ser cruel. Da igual que hayas tenido una digna carrera, pero si fracasas siempre te recordaran el error.

Y la soledad irrumpe de nuevo alrededor del entrenador. Ya sabes, si temes a la soledad, no seas entrenador.

El entrenador constructor de equipo

  • En este artículo describimos las características y funciones del mismo

Que complicado es hablar de la figura del míster siendo entrenador. Somos, sin quererlo, el centro de atención de todas las miradas y señalados para lo bueno y para lo malo. Nuestra profesión es así y todo el mundo tiene derecho a opinar sobre nosotros.

A nivel de directiva, cuando te contratan, eres el mejor, cuando pierdes dos partidos, empiezan las dudas y las críticas, y cuando los resultados no acompañan, pende la guillotina sobre tu cabeza y te ponen en la calle, sin valorar tu trabajo.

Los aficionados prefieren al entrenador que “da espectáculo” en la banda, que gesticula, que manda, que vocea, que increpa a los árbitros. De esta manera es más aparente el liderazgo.

Si otros entrenadores no hacen lo mismo y dirigen de manera tranquila y pausada, se les echa en cara “que no tienen carácter, personalidad, ni sangre” sencillamente porque dirigen con sosiego. Se funciona mucho de cara a la galería y “el liderazgo invisible” de muchos entrenadores es muy poco valorado,  aunque dispongan de maestría para los análisis y las silenciosas tomas de decisión, muy eficientes por otra parte.

Al entrenador se le cuestiona todo, los medios de comunicación social expresan sensaciones y opiniones desde el exterior, sin saber nada de lo que ocurre dentro. “Nadie puede conocer mejor el huerto que quien lo cultiva”, solo el entrenador sabe lo que ocurre en el día a día y es a él a quien le corresponde la responsabilidad de decidir, buscando siempre lo mejor y lo más justo para todos.

Mi opinión al respecto de los medios de comunicación social es que el fútbol son los 90 minutos de partido y los 80 o 100 del entrenamiento diario y nada más, lo demás es todo lo que hay alrededor de él, donde obviamente priman otros intereses, por eso al final tienes que pensar que las ruedas de prensa, los programas deportivos y las tertulias son una invención que emana del fútbol pero siento decir, aunque no quiero generalizar, que no ayudan en nada si no son objetivos.

En cuanto a los jugadores, esto es lo que piensan la mayoría de ellos sobre nosotros: “Si eres serio, eres un amargado. Si eres joven, eres un inexperto. Si eres viejo, estas pasado de moda. Si bebes, eres un borracho, si no lo haces, eres un puritano aburrido. Si eres estricto, eres un dictador, si no lo haces, eres un mediocre sin personalidad. Si das ejemplo entrenando con el grupo, eres un presumido que quieres dejarlos en ridículo, si no lo haces, como quiere enseñarnos algo que ni él lo realiza. Si nombras tus títulos, eres un presumido y creído, si no lo haces, eres un analfabeto que te han regalado todo. Si el jugador sobresale, es virtud del jugador. Si a este le va mal, es culpa del entrenador. Si progresas en tu profesión, ¿cómo lo habrá logrado si no tenía ni puñetera idea?”.

Un entrenador tiene que pensar en 20 o 25 jugadores e intentar satisfacer a todos. Un jugador solo piensa en sí mismo.

A nosotros no solo nos basta con tener conocimientos de fútbol, vamos a tener que desarrollar actitudes psicológicas, de gestión, análisis, comunicación, reglamento..., además de la capacidad para manejar y dirigir el grupo y controlar el entorno que lo rodea.

Se nos exige autocontrol para afrontar con serenidad situaciones complicadas que van a presentarse a lo largo de la competición. Saber motivar a los jugadores para que todos se sientan importantes y desarrollen todo su potencial, aplicando para ello los métodos y las formulas más adecuadas. Tener que conocer las diferentes personalidades de cada uno de los miembros de la plantilla para saber tratarlos a nivel individual.

Ser ambiciosos aspirando siempre a lo máximo y no conformarse con éxitos parciales cuando se pueden conseguir metas superiores; a esto le llamamos ganar sin ser mejor que nadie, solo porque lo he querido más que mi adversario. Creo que la única derrota es el desaliento y solo si me doy por vencido, fracaso.

Hay que ser decididos para atreverse a tomar las medidas más convenientes para el equipo, aunque estas no sean las más populares o del agrado de la directiva, afición... El optimismo nunca podemos perderlo, hay que ver siempre el lado positivo, sobre todo en las derrotas o cuando las cosas no salen todo lo bien que uno desea.

Tenemos que ser exigentes, no podemos dejar al futbolista que se acomode. A veces el primer día de entrenamiento, les he dicho a mis jugadores: “Sin conocerte se que vas a trabajar a mis órdenes durante 10 largos meses. No estamos aquí para perder el tiempo ni para hacernos la pelota, yo estoy aquí para exigirte porque esa es mi misión y la tuya es trabajar para darle competitividad y nivel al grupo. Yo te doy todo lo que sé: mis conocimientos, mi experiencia, no tengo porqué guardar nada, me ha costado muchos años aprenderlo, practicarlo, sudarlo, negociarlo, vivirlo y a ratos incluso morirlo. Y si te digo ‘tú puedes’ es porque lo creo. Dificultades la encontraras todas. A mí me sacaron del colegio para trabajar en un taller con 13 años, y por la tarde noche después del trabajo, entrenaba fútbol y por la noche estudiaba”.

De modo que es necesario exigir al máximo de sus posibilidades, aunque tampoco se les puede pedir más de lo que pueden dar.

Es muy importante tener las ideas claras y no confundir a los futbolistas con cambios continuos que los lleven a la desorientación, siempre digo que “el respeto se gana por el conocimiento”. Al futbolista no podemos engañarlo con falsas promesas, debe creer en nosotros. No podemos decirle el lunes que va a jugar el domingo para tenerlo contento, cuando en realidad no va a ser así. Cuando se promete algo hay que cumplirlo, por eso es mucho mejor callar y no decir nada, porque si el entrenador pierde su credibilidad ante el jugador, eso le va a perjudicar enormemente en su trabajo.

Además de todas las características señaladas, también debemos reunir una gran capacidad para observar y dirigir eficazmente el comportamiento del equipo durante los entrenamientos.

De especial relevancia es tener profundos conocimientos de los avances tácticos del juego. Ideas claras de lo que quieres. Introducir en las sesiones acciones que mejoren el trabajo de cohesión grupal y socio afectivo. Darle al calentamiento la importancia que tiene. Optimizar el empleo de los jugadores en las sesiones y hacer un trabajo agradable pero intenso. Respetar los tiempos las pausas, las cargas... Construir el modelo de juego con hábitos y automatismos. Trabajar las acciones a balón parado. No olvidar el trabajo individualizado. Observar constantemente a los jugadores en cuanto a relajación o exceso de motivación. Que se cumpla el trabajo preventivo. Disminuir las cargas psicológicas en periodos competitivos a través de juegos aplicativos y lúdicos. Manejar con sutileza los egos y temperamentos diversos…

En cuanto a la dirección del equipo en partidos de competición:

Antes: Preparar viajes, alojamientos, comidas, equipamientos... Repetir durante la semana los aspectos tácticos más importantes, información del equipo adversario (scouting). Hacer énfasis en el balón parado tanto en defensa como en ataque. Reunión con el equipo técnico, ultimar detalles. Reunión con médicos, fisioterapeutas y recuperador (estado de los jugadores). Eliminar vestigios de ansiedad y escuchar al que te lo pida.

Durante: Estar pendiente de: calentamiento, exceso de motivación, últimos detalles tácticos y balón parado (ABP). Optimizar el empleo de los jugadores (cambios). Tomar decisiones claras bajo la presión del resultado. Controlar el partido (observación de puntos débiles y fuertes). En las pausas, indicaciones de tipo técnico-táctico, actuar sobre la relajación y activación del jugador y recuperar energía con ayudas ergogénicas.

Después: Vuelta a la calma. Manejar con delicadeza temperamentos diversos. Atender a los medios de comunicación. Desarrollo de experiencia a partir del éxito o el fracaso. Análisis final de lo acontecido. Charla durante el siguiente entrenamiento para corregir y potenciar cosas.

Esta es la vida del entrenador durante los desplazamientos, visto desde mi experiencia personal

Siempre viajaba con mi maleta marrón con 3 departamentos: uno para la ropa -siempre solía vestirme de calle para los encuentros-, otro para los apuntes del equipo adversario, rotuladores de color azul y rojo y pizarra portátil, y uno pequeño para las medicinas típica de la edad y del cargo. (Riesgo de infarto, paracetamol para los dolores de cabeza, ansiolítico y algunas pastillas balsámicas para el carraspeo de garganta del vocerío durante el encuentro).

Una vez en la habitación del hotel, era todo una liturgia. Abría la maleta, ponía cada cosa en su sitio, sacaba mis notas, analizaba de nuevo al rival, volvía a ver el DVD de su último encuentro jugado en su casa, volvía  a darle la penúltima vuelta de tuerca buscando virtudes y defectos, llamaba a mi segundo entrenador para definir la estrategia (acciones a balón parado) y me reunía antes de la cena con el preparador físico y el fisioterapeuta por si tenían alguna novedad de última hora y aprovechábamos para preparar la sala para la charla pre-partido del día siguiente justo después del desayuno y antes de salir para el campo de fútbol. 

Siempre me tuve como un técnico observador atento y cauteloso que intentaba no pasar por alto el más mínimo detalle, estudiaba los puntos más protegidos, los más débiles, para poder atacar los sistemas más fuertes de seguridad de los equipos adversarios, y defensivamente procuraba guardar mi casa con un sistema defensivo en el que todos se debían encontrar involucrados.

Una vez llegábamos al campo, y después de descargar todo el material, por lo general los jugadores se iban a ver el estado del césped y de camino a saludar a sus compañeros, ese día, adversarios. Mientras el utillero preparaba la ropa, el masajista, su mesa de trabajo, el preparador físico elaboraba los combinados energéticos y preparaba sus conos y petos para efectuar el calentamiento. El entrenador de portero salía antes que nadie para desarrollar el trabajo específico de los dos guardametas, el segundo entrenador colocaba sus hojas con todas las estrategias ofensivas y defensivas, mientras esperábamos que el delegado nos trajese la relación con la alineación del otro equipo.

Una vez con la información del equipo adversario y en una pizarra improvisada sobre las lozas de cerámica del vestuario -no es así en todos los campos-, dábamos la alineación y las ultimas consignas, calentamiento y grito de guerra del capitán y los líderes naturales para salir a disputar y competir el encuentro.

La carga emocional que se siente antes de un encuentro es algo semejante a cuando te presentas a un examen importante para tu futuro. Siempre aparece esa sensación, aunque dirijas un equipo alevín, el hecho de sentirlo ya es suficiente para saber que es importante lo que estás haciendo.

Luego durante el partido llega el momento de la verdad, te comen los nervios, allí de pie delante de tu zona limitada por una raya blanca de 5x3 como un león enjaulado durante los 90 minutos. No sabes dónde meter las manos, cruzarlas por detrás, por delante, contra el pecho, meterlas en los bolsillos… Haces el 5x3 doscientas veces y terminas con más kilómetros en las piernas que el mejor de tus centrocampistas.

Te pones a dar voces para intentar corregir aspectos tácticos del juego, equilibrio, disciplina táctica, sin darte cuenta de que el jugador en la mayoría de las ocasiones ni te escucha ni te hace puñetero caso, pero eso sí, gesticular al árbitro ni se te ocurra, "tarjeta roja", o como mínimo apercibimiento, "amarilla”.

Decía Galeano, “el árbitro es arbitrario por definición. Silbato en boca, sopla los vientos de la fatalidad del destino y otorga o anula los goles. Tarjeta en mano, alza los colores de la condenación: el amarillo, que castiga al pecador y lo obliga al arrepentimiento, y el rojo, que lo arroja al exilio”.

Una vez finalizado el partido, le das la mano a los colegiados a tu colega, y silencio o euforia, vuelta a la calma, manejar los temperamentos, rueda de prensa, ducha, y coger el autobús de regreso.

Ya en el autobús comienzas a reflexionar y analizar el partido que aún tienes grabado en la mente. Analizar significa detectar nuestra debilidad y saber por qué nos hicieron doblegar las rodillas.

Todos, sin excepción, alguna vez hemos perdido. Alguien superó nuestras ideas, actuaciones o recursos y en ese enfrentamiento de fuerza, perdimos. Pues bien, cuando esto ocurre, nada hay más inteligente que, primero, asumir la derrota y luego analizarla, pues solo así un fracaso se convierte en fuerza fresca para disputar el próximo encuentro con garantías de éxito.

Nada más llegar en avión o barco, de nuevo directamente al campo a entrenar y preparar sesión compensatoria con los que no jugaron mientras los que lo hicieron, hacen regenerativo. Martes descanso para todos”.

La conclusión es que el detalle final lo pone el jugador en el campo, y el gol solo está en la punta de la bota o cabeza del jugador, que al fin y al cabo es el protagonista principal de este espectáculo llamado fútbol.

Y nosotros, los líderes y directores de orquestas, si durante el concierto cuatro o cinco jugadores no interpretan bien la partitura y desafinan, estamos jodidos.

El castigo social de un fracaso del entrenador llega a ser cruel. Da igual que hayas tenido una digna carrera, pero si fracasas siempre te recordaran el error.

Y la soledad irrumpe de nuevo alrededor del entrenador. Ya sabes, si temes a la soledad, no seas entrenador.