El indescifrable mundo del fútbol Juan Moya

El educador o entrenador de iniciación y base (I)

09-10-2018

  • Hay que tomar conciencia desde el primer día de la enorme responsabilidad que provoca el trabajar diariamente con unos seres minúsculos

“Ser entrenador de la base es trabajar sin reloj y tener todo el tiempo a favor. Es pintar un cuadro en una bella campiña en los hermosos días de primavera. Si el artista tiene algún momento de escasa creatividad se detiene y da paseos admirando el paisaje y charlando amistosamente con su marchante. Luego prosigue, siempre sin prisa y tras retoques y mas retoques finaliza el cuadro. Este lienzo tiene un gran futuro”. Son palabras de Laureano Ruiz, en su libro “Como lograr ser un gran futbolista”.

Del mismo modo que cuando se precisa la ayuda de un profesor para un niño con dificultades escolares, o cuando buscamos un buen colegio con un plantel de profesores capacitados para confiarle el desarrollo de nuestros hijos, ¿por qué no tenemos el mismo nivel de exigencia a la hora de confiarle su formación deportiva?

No es suficiente un título que mostrar, únicamente la experiencia, arropada con unos conocimientos demostrados y una correcta preparación académica, es garantía de la capacidad del entrenador para confiarle tan delicada formación deportiva del pequeño deportista.

Deberíamos tomar conciencia desde el primer día de la enorme responsabilidad que provoca el trabajar diariamente con unos seres minúsculos, sobre los que vamos a influir de manera decisiva en su proceso de formación.

Para lograr este desafío, los entrenadores debemos ser los primeros en creer firmemente en nosotros mismos. Solo se convence desde el ejemplo y la pasión por lo que se hace. No podemos racanear ni un ápice de nuestros esfuerzos a la hora de conseguir los objetivos marcados para los futuros futbolistas.

“Haz lo que amas y ama lo que haces”, requisito innegociable en este viaje. Todos los entrenadores han de tener grabado a fuego, y manifestar en todos sus actos, que sólo existe un camino, el camino del COMPROMISO, combustible imprescindible para afrontar los diferentes retos.

En mi opinión, para impartir unas clases (entrenamiento) de calidad, en su fase de iniciación al futbol, los entrenadores de base deben reunir las siguientes aptitudes: dotes de educador y comunicador, comprensión, capacidad para motivar, autoridad y prestigio con el grupo, capacidad de trabajo, ilusión y humildad y, si es posible, un buen dominio de la técnica. Debemos, además, adaptarnos a ellos, no ellos a nosotros, evitar tacos e insultos, respetar la ley de la naturaleza: la edad biológica y cronológica, y convertirnos en ocasiones en cordón umbilical (ser padre y madre a la vez que entrenadores).

Desde que los futuros futbolistas se inician hasta que logran un nivel de alto rendimiento, van pasando por distintas fases o etapas en la que el trabajo tiene que ser muy diferente. Este largo recorrido requiere una labor paciente de los entrenadores.

Debemos tener en cuenta que el organismo del joven crece, se desarrolla y perfecciona y lo mismo sucede con su sentido del juego, por ello para evitar una evolución errónea, debería realizarse un trabajo programado, controlado y acorde con su edad y nivel futbolístico, lo que nos llevaría a ir componiendo gradualmente, sin tropiezos, el mosaico de la formación del jugador.

Etapa de iniciación desde los 4 a los 8 años

Desde los 4 a los 8 años, el niño emprende su andadura en las escuelas multideportivas donde comienza su iniciación básica motriz, sus habilidades inespecíficas a través de actividades de Educación Física y juego con intencionalidad y base futura de la especialización deportiva. El niño desea jugar dentro de un grupo de su misma edad, se acostumbra al ambiente del juego, ignora el espacio táctico y al compañero y solo tiene un claro objetivo, jugar y disfrutar.

A continuación, le seguiría la iniciación deportiva general con habilidades algo más específicas. Trabajo realizado sin una intención definitiva de especialización deportiva, sino conjugando el conocimiento de varios deportes.

Pero aquí ya tenemos que pensar que el fútbol se tiene que adaptar al niño y no el niño al fútbol y nos tendríamos que hacer algunas preguntas y respuestas:

¿A ti te gustaría jugar con un balón de playa al fútbol?  A los niños tampoco.

¿A ti te gustaría jugar en un campo tan grande como una pista de aterrizaje? A los niños tampoco.

¿A ti te gustaría ser portero bajo unos palos de portería de rugby? A los niños tampoco.

¿A ti te gustaría sacar de puerta y no llegar al borde del área? A los niños tampoco.

Para ello es importante hacernos con balones que se ajusten a sus necesidades, reducir el espacio al número de jugadores 3x3, 4x4, 5x5, incrementar o disminuir el tamaño de las porterías y la colocación de las mismas...

Esta etapa es fundamental para desarrollar el gusto por el fútbol y de ahí la importancia de adaptarnos a ellos, fomentar el carácter lúdico del juego y crear ilusión.

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El educador o entrenador de iniciación y base (I)

  • Hay que tomar conciencia desde el primer día de la enorme responsabilidad que provoca el trabajar diariamente con unos seres minúsculos

“Ser entrenador de la base es trabajar sin reloj y tener todo el tiempo a favor. Es pintar un cuadro en una bella campiña en los hermosos días de primavera. Si el artista tiene algún momento de escasa creatividad se detiene y da paseos admirando el paisaje y charlando amistosamente con su marchante. Luego prosigue, siempre sin prisa y tras retoques y mas retoques finaliza el cuadro. Este lienzo tiene un gran futuro”. Son palabras de Laureano Ruiz, en su libro “Como lograr ser un gran futbolista”.

Del mismo modo que cuando se precisa la ayuda de un profesor para un niño con dificultades escolares, o cuando buscamos un buen colegio con un plantel de profesores capacitados para confiarle el desarrollo de nuestros hijos, ¿por qué no tenemos el mismo nivel de exigencia a la hora de confiarle su formación deportiva?

No es suficiente un título que mostrar, únicamente la experiencia, arropada con unos conocimientos demostrados y una correcta preparación académica, es garantía de la capacidad del entrenador para confiarle tan delicada formación deportiva del pequeño deportista.

Deberíamos tomar conciencia desde el primer día de la enorme responsabilidad que provoca el trabajar diariamente con unos seres minúsculos, sobre los que vamos a influir de manera decisiva en su proceso de formación.

Para lograr este desafío, los entrenadores debemos ser los primeros en creer firmemente en nosotros mismos. Solo se convence desde el ejemplo y la pasión por lo que se hace. No podemos racanear ni un ápice de nuestros esfuerzos a la hora de conseguir los objetivos marcados para los futuros futbolistas.

“Haz lo que amas y ama lo que haces”, requisito innegociable en este viaje. Todos los entrenadores han de tener grabado a fuego, y manifestar en todos sus actos, que sólo existe un camino, el camino del COMPROMISO, combustible imprescindible para afrontar los diferentes retos.

En mi opinión, para impartir unas clases (entrenamiento) de calidad, en su fase de iniciación al futbol, los entrenadores de base deben reunir las siguientes aptitudes: dotes de educador y comunicador, comprensión, capacidad para motivar, autoridad y prestigio con el grupo, capacidad de trabajo, ilusión y humildad y, si es posible, un buen dominio de la técnica. Debemos, además, adaptarnos a ellos, no ellos a nosotros, evitar tacos e insultos, respetar la ley de la naturaleza: la edad biológica y cronológica, y convertirnos en ocasiones en cordón umbilical (ser padre y madre a la vez que entrenadores).

Desde que los futuros futbolistas se inician hasta que logran un nivel de alto rendimiento, van pasando por distintas fases o etapas en la que el trabajo tiene que ser muy diferente. Este largo recorrido requiere una labor paciente de los entrenadores.

Debemos tener en cuenta que el organismo del joven crece, se desarrolla y perfecciona y lo mismo sucede con su sentido del juego, por ello para evitar una evolución errónea, debería realizarse un trabajo programado, controlado y acorde con su edad y nivel futbolístico, lo que nos llevaría a ir componiendo gradualmente, sin tropiezos, el mosaico de la formación del jugador.

Etapa de iniciación desde los 4 a los 8 años

Desde los 4 a los 8 años, el niño emprende su andadura en las escuelas multideportivas donde comienza su iniciación básica motriz, sus habilidades inespecíficas a través de actividades de Educación Física y juego con intencionalidad y base futura de la especialización deportiva. El niño desea jugar dentro de un grupo de su misma edad, se acostumbra al ambiente del juego, ignora el espacio táctico y al compañero y solo tiene un claro objetivo, jugar y disfrutar.

A continuación, le seguiría la iniciación deportiva general con habilidades algo más específicas. Trabajo realizado sin una intención definitiva de especialización deportiva, sino conjugando el conocimiento de varios deportes.

Pero aquí ya tenemos que pensar que el fútbol se tiene que adaptar al niño y no el niño al fútbol y nos tendríamos que hacer algunas preguntas y respuestas:

¿A ti te gustaría jugar con un balón de playa al fútbol?  A los niños tampoco.

¿A ti te gustaría jugar en un campo tan grande como una pista de aterrizaje? A los niños tampoco.

¿A ti te gustaría ser portero bajo unos palos de portería de rugby? A los niños tampoco.

¿A ti te gustaría sacar de puerta y no llegar al borde del área? A los niños tampoco.

Para ello es importante hacernos con balones que se ajusten a sus necesidades, reducir el espacio al número de jugadores 3x3, 4x4, 5x5, incrementar o disminuir el tamaño de las porterías y la colocación de las mismas...

Esta etapa es fundamental para desarrollar el gusto por el fútbol y de ahí la importancia de adaptarnos a ellos, fomentar el carácter lúdico del juego y crear ilusión.

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