Entrena a tu mente Enrique Roldán

No hay que olvidar los valores

02-12-2013

El deporte base, sea el que sea, es una oportunidad maravillosa para contribuir a la formación como personas de muchos niños y niñas que se acercan a su actividad deportiva favorita con el fin de relacionarse, aprender y mejorar en su deporte favorito o como actividad saludable.

"Los técnicos deben favorecer el autoconocimiento en los niños y la mejora de su autoconcepto y su autoestima"

Al igual que en la familia y en la escuela, los niños acuden de manera regular a unos entrenamientos y competiciones en los que los técnicos deportivos tienen la obligación de contribuir a su formación como personas, más allá de la enseñanza de una modalidad deportiva. Si de los profesores esperamos que eduquen a nuestros hijos en algo más que en materias regladas, ¿por qué no esperar lo mismo de sus entrenadores si tenemos asumido que en edades tempranas su labor debe ser fundamentalmente educativa? En la formación de los técnicos deportivos debe estar presente el aprendizaje de esta labor que debe programarse en las sesiones de trabajo al igual que el aprender a pasar la pelota o a realizar un ejercicio de gimnasia.

¿Y qué valores son los que se pueden transmitir mediante la práctica deportiva? Pues algunos tan importantes como la solidaridad, la tolerancia, el respeto, la constancia, la superación, el esfuerzo, el trabajo en equipo, la cooperación,… todos ellos contribuyen a que la formación del niño se complete en ámbitos diferentes a los de su escuela y su familia, lo que hace posible que se generalicen a diferentes ámbitos de su vida y que los pueda aplicar en las más diversas situaciones.

Pero estos valores no surgen de manera automática por el mero hecho de practicar un deporte sino que es necesaria la implicación de todos los actores que participan de una manera u otra en el deporte de base: federaciones, clubes, padres y entrenadores.

Para llevar a cabo esta labor, los técnicos deben favorecer el autoconocimiento en los niños y la mejora de su autoconcepto y su autoestima, enseñar a utilizar el  diálogo como forma de solucionar conflictos, alentar la toma de decisiones en los niños, aprovechar el fracaso como elemento educativo y sobre todo aprovechar el deporte para trabajar las habilidades sociales necesarias para una buena convivencia con los otros miembros del equipo.

Y la mejor forma de que estas enseñanzas se implanten en el repertorio de conducta de los jóvenes deportistas es mediante el juego, y en este caso mediante la práctica de su deporte preferido.